Hay quienes llegan a la ingeniería buscando respuestas. Juan Esteban Quintero Arias llegó también buscando posibilidades: entender cómo funcionan las cosas, descubrir qué hay detrás de los procesos que hacen posible lo que usamos y consumimos todos los días y, sobre todo, encontrar la manera de convertir ese conocimiento en soluciones que tengan un impacto real.
Esa curiosidad lo llevó a estudiar Ingeniería Química y, en el camino, a descubrir una nueva pasión. Una electiva de Tecnología de Alimentos despertó su interés por un mundo en el que la ingeniería se encuentra con algo tan cotidiano y esencial como la alimentación. Lo que comenzó como una materia terminó convirtiéndose en una segunda carrera y en una mirada mucho más amplia sobre su profesión.
Hoy, Juan Esteban es egresado de los programas de Ingeniería Química e Ingeniería de Alimentos de la Universidad de los Andes y recibió el reconocimiento Suma Cum Laude, con un promedio de 4,75. Sus trabajos de grado reflejan precisamente esa curiosidad por comprender, transformar y mejorar: en Ingeniería Química estudió la subrogación de modelos para el control y optimización de procesos, mientras que en Ingeniería de Alimentos desarrolló un alimento funcional con polifenoles de uchuva.
Pero detrás de estos logros hay algo que para él tiene todavía más valor: la convicción de que aprender no es acumular conocimientos, sino encontrar maneras de ponerlos al servicio de los demás. Esa idea también atraviesa su manera de entender la ingeniería, su experiencia en la Universidad de los Andes y los sueños que ahora empieza a construir desde la industria.
¿Por qué decidiste estudiar estas ingenierías?
Decidí estudiar Ingeniería Química porque siempre me llamó la atención el mundo industrial y la posibilidad de entender cómo funcionan los procesos que permiten transformar materias primas en productos. Me gustaba la idea de usar conocimientos técnicos para resolver problemas y mejorar procesos.
Durante la carrera, tuve la oportunidad de acercarme a la Ingeniería de Alimentos y descubrí un interés especial por este sector. Me llamó la atención que, además de los retos propios de la ingeniería, la industria de alimentos tiene una relación directa con nuestra vida cotidiana y con algo tan esencial como la alimentación.
Así, estudiar ambos programas se convirtió en una oportunidad para complementar conocimientos y entender los procesos industriales desde una perspectiva más amplia, sin perder de vista el producto final y su impacto en las personas.
¿Cuál es tu mayor pasión?
Mi mayor pasión es aprender y encontrar formas de transformar ese conocimiento en soluciones que generen un impacto positivo. Me motiva entender cómo funcionan las cosas, identificar oportunidades de mejora y ver cómo las ideas se convierten en resultados concretos.
¿Cuál fue la clase que más te impactó?
Hubo dos materias que me marcaron especialmente. La primera fue Tecnología de Alimentos, que tomé como electiva de Ingeniería Química y que despertó mi interés por el sector alimentario, hasta motivarme a realizar el doble programa.
La segunda fue Equilibrio de Fases y Químico, porque me permitió comprender los fundamentos que hacen posible transformar materias primas y entender, desde la ciencia, el alcance de la Ingeniería Química.
¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en Uniandes?
Mi mayor aprendizaje fue entender que, más allá de ser un buen profesional, lo importante es ser una buena persona.
En este camino aprendí que no tenemos que saberlo todo, que siempre podemos aprender de los demás y que los logros nunca se construyen solos. Al final, más que los conocimientos o los reconocimientos, me quedo con las personas que conocí y con la idea de que lo que sabemos vale mucho más cuando lo compartimos y lo ponemos al servicio de los demás.
¿En qué trabajas actualmente y cuáles son tus proyectos a futuro?
Actualmente trabajo en Alpina, en el área de producción, una experiencia que me ha permitido llevar a la práctica lo que aprendí en la universidad y, sobre todo, seguir aprendiendo de los retos del día a día y de las personas con las que trabajo.
A futuro, me gustaría seguir creciendo, asumir nuevos desafíos y descubrir hasta dónde puedo llegar como ingeniero, sin dejar de lado mi crecimiento personal. Para mí, es importante construir una carrera de la que me sienta orgulloso, pero también disfrutar el camino y aprender de las personas que me acompañan en él.
¿Qué consejo le darías a un “primíparo”?
Le diría que disfrute el proceso y que no sienta que tiene que tener todo resuelto desde el principio.
Todavía recuerdo lo que significaron para mí las clases de Introducción con el profesor Diego Pradilla y las de Termodinámica con el profesor Óscar Álvarez, porque fueron parte de ese camino en el que uno empieza a descubrir todo lo que puede aprender y hacer con la ingeniería.
Mi consejo es que aproveche a sus profesores, pregunte sin miedo y no se desanime cuando una materia parezca imposible. También que se dé la oportunidad de conocer personas, trabajar en equipo y aprender de quienes lo rodean.
Al final, considero que la universidad es mucho más que pasar materias: es un espacio para descubrir qué te apasiona, equivocarte y crecer tanto profesional como personalmente.
¿Por qué crees que la ingeniería puede transformar a las personas y a las sociedades?
Creo que la ingeniería tiene la capacidad de transformar a las personas porque nos enseña a mirar los problemas de otra manera, a cuestionarnos cómo funcionan las cosas y a buscar soluciones incluso cuando los retos parecen imposibles.
También nos enseña que detrás de cada proceso, cada producto y cada innovación hay personas que pueden beneficiarse de lo que hacemos. A nivel social, la ingeniería puede convertir ideas en soluciones que mejoren la calidad de vida, hagan un mejor uso de los recursos y respondan a necesidades reales.
Pero creo que su mayor potencial está en entender que no se trata solamente de hacer las cosas más eficientes, sino de hacerlas mejor para las personas. Al final, el conocimiento cobra verdadero sentido cuando lo ponemos al servicio de los demás.
Escrito por: María Angélica Huérfano Báez.













