La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes sumaron esfuerzos para acompañar a la industria edificadora en uno de los grandes desafíos de la transformación tecnológica: pasar de reconocer el potencial de la IA a incorporarla de manera estratégica, responsable y efectiva.
El Congreso Colombiano de la Construcción fue el punto de partida de la alianza entre Camacol y la Universidad de los Andes para consolidar la Hoja de Ruta de Inteligencia Artificial para el Sector Constructor Colombiano que impulsa el gremio. El escenario ha sido retador: en el país el 98 % de las empresas del sector considera que la IA tendrá un impacto alto o transformador en los próximos cinco años. Sin embargo, solo el 4 % afirma haberla integrado de manera efectiva en sus procesos de negocio.
Este contraste representa enormes oportunidades para entender el estado actual del sector, identificar hacia dónde puede avanzar, y definir el camino a seguir para abordar uno de los mayores desafíos de la transformación tecnológica: pasar de reconocer el potencial de la IA a incorporarla de manera estratégica, responsable y efectiva.
Un panel sobre inteligencia artificial que se realizó durante el Congreso de 2025, en el que participó el profesor Juan Francisco Correal del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Uniandes, fue clave para fortalecer una iniciativa en la cual el gremio de la construcción venía trabajando con un objetivo claro: “la inteligencia artificial avanza más rápido que la capacidad de muchas industrias para adoptarla. Es urgente trabajar en el cierre de brechas y convertir la conversación sobre IA en decisiones concretas y resultados medibles”, afirmaba en ese momento Katherine Bobadilla, directora de Productividad y Sostenibilidad de Camacol.
Fue entonces cuando de la preparación para dicho panel surgió una idea: la transformación del sector no podía pensarse únicamente desde la IA, sino desde su convergencia con tecnologías como BIM, Internet de las Cosas (IoT), robótica, realidad virtual, gemelos digitales y análisis de datos. La conversación conjunta continuó y se llegó a un ambicioso punto de encuentro.
“El objetivo era ambicioso: crear una hoja de ruta estratégica que permitiera al sector constructor colombiano diagnosticar su nivel de madurez, identificar oportunidades, reconocer las principales barreras y definir trayectorias de adopción diferenciadas”, explicó el profesor Correal. Así nació un ejercicio conjunto entre la academia y el sector productivo para responder una pregunta sencilla, pero de gran alcance: ¿cómo puede el sector adoptar la inteligencia artificial de manera estratégica y no simplemente empezar a acumular herramientas?
Encuesta nacional con datos clave
Para responder la pregunta el proyecto comenzó por realizar una encuesta nacional que reunió 184 registros, de los cuales 132 correspondieron a empresas constructoras, lo que permitió analizar diez dimensiones relacionadas con la madurez para la adopción de IA. Los resultados muestran un sector que reconoce con claridad que la transformación tecnológica es inevitable, pero que todavía está, en gran medida, explorando sus posibilidades: 84 % de las empresas se encuentra en etapa de exploración, mientras que apenas el 4 % ha logrado integrar efectivamente la IA en sus procesos de negocio.
El diagnóstico no se quedó en medir qué tan avanzada está una empresa. También permitió identificar las capacidades que deberá fortalecer para adoptar IA de manera responsable. Entre ellas aparecen preguntas que serán cada vez más relevantes: ¿quién supervisará las decisiones de la IA?, ¿cómo se garantizará la intervención humana?, ¿qué principios de ética y gobernanza deberán orientar su uso?, ¿cómo se gestionarán la privacidad y los datos?, y qué roles y responsabilidades tendrá cada actor? La tecnología, en otras palabras, es apenas una parte de la transformación; la organización también debe estar preparada.
La primera fase del proyecto comenzó con el diagnóstico y la alineación estratégica. El equipo revisó prácticas internacionales de gobernanza, uso de datos, decisiones automatizadas, ética y gestión de riesgos, además de referentes nacionales. También se desarrolló un modelo de madurez y un inventario de cerca de 1.400 casos de uso de inteligencia artificial, que funciona como un mapa de posibilidades para explorar aplicaciones a lo largo del negocio constructor.
Pero esos 1.400 casos no son una lista de soluciones que todas las empresas deban implementar. Son un punto de partida para preguntarse qué puede generar valor en cada organización. La IA puede apoyar desde la estructuración, el diseño y la construcción hasta la operación y las áreas de soporte, con aplicaciones para productividad, seguridad, costos, tiempos, gestión comercial, finanzas o contratación, entre muchas otras.
“La pregunta realmente ya no es para qué, porque hay de todo, sino cómo y qué debería implementar que sea estratégicamente para la empresa, lo más urgente y lo más importante”, señala la profesora Nelly García, del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, quien también hace parte del proyecto. La respuesta depende, precisamente, de las características de cada organización y del problema que busca resolver.
Rutas de adopción de la IA
Por eso, la segunda fase se concentró en definir rutas de adopción diferenciadas. No todas las constructoras tienen los mismos recursos, capacidades o niveles de madurez, ni buscan transformar las mismas áreas. El proyecto identificó siete “centros de gravedad”, relacionados con los focos estratégicos y fortalezas de cada organización, para orientar desde allí la incorporación de IA. “Uno debería empezar a implementar la IA por donde es bueno”, explicó Nelly. La lógica es aprovechar procesos que ya funcionan, con roles y capacidades consolidadas, para generar aprendizajes que después puedan trasladarse a otras áreas.
Esta mirada también permitió conectar cada caso de uso con el resultado que realmente puede transformar. No todas las aplicaciones de IA mejoran la misma métrica: algunas pueden aumentar la productividad en obra mediante seguimiento automatizado; otras pueden reducir tiempos y costos, fortalecer la seguridad o detectar problemas; y otras pueden ayudar a mejorar las ventas, acelerar su velocidad o perfilar mejor a los clientes. La pregunta, entonces, no es solo qué puede hacer la IA, sino qué indicador del negocio se quiere mejorar con ella.
Para construir esa respuesta, el proyecto de Camacol y Uniandes combinó investigación y experiencia del sector. El equipo realizó un amplio mapeo de casos de uso, revisó cerca de 60 artículos científicos y marcos de referencia internacionales y contrastó estos hallazgos mediante encuestas, talleres y espacios de trabajo con actores de la industria. “No es algo que la academia viene a imponer, sino que fue un trabajo muy retroalimentado entre la rigurosidad académica y la practicidad de realmente cómo lo implementamos para el sector”, destaca Nelly. Ese equilibrio entre conocimiento y aplicación fue uno de los aportes centrales de la Universidad.
Con estos aprendizajes, la tercera fase convirtió el diagnóstico, los casos de uso y las rutas diferenciadas en una hoja de ruta que articula metas, líneas de acción, tecnologías habilitadoras, criterios de ética y gobernanza y mecanismos de seguimiento, con horizontes de corto, mediano y largo plazo.
Camacol presentó públicamente el documento en julio de 2026 en el marco de la Segunda Cumbre de Inteligencia Artificial del Sector Constructor. “Podíamos dejar que cada empresa avanzara por separado, repitiera los mismos errores y aprendiera exclusivamente a través de ensayo y error. O podíamos construir una visión compartida para orientar esta transformación y esa fue la decisión que tomamos. La Hoja de Ruta no es un inventario de plataformas ni una predicción sobre el futuro. Es una guía para convertir la inteligencia artificial en productividad”, explicó la ingeniera Katherine Bobadilla durante la presentación a los medios de comunicación.
Una Hoja de Ruta de gran alcance
La Hoja de Ruta de Inteligencia Artificial para el Sector Constructor Colombiano no pretende ser un documento que se construye, se entrega y se archiva. Para Correal, debe convertirse en una herramienta viva, capaz de actualizarse a medida que evolucionan la inteligencia artificial y las tecnologías convergentes. Su verdadero potencial estará en lo que ocurra después: empresas que desarrollen capacidades, equipos que encuentren nuevos usos para sus datos y alianzas que lleven la innovación del papel a la obra.
Para la ingeniera Bobadilla “esta Hoja de Ruta representa un punto de partida para que el sector constructor avance de manera articulada en la adopción de la inteligencia artificial. Sin duda, el trabajo conjunto con la Universidad de los Andes nos permitió construir unas bases que proyectan una visión para 2028 y 2030, pero el verdadero reto comienza ahora: consolidar un ecosistema activo, en el que empresas, academia, proveedores tecnológicos, entidades públicas y otros actores de la cadena puedan convertir esta visión en capacidades, soluciones y resultados concretos para el sector”.
En ese camino, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes puede seguir aportando desde la formación, investigación, transferencia de conocimiento y el codesarrollo con el sector. Porque la apuesta de fondo no es ayudar a las constructoras a comprar más herramientas, sino a tomar mejores decisiones sobre tecnología: pasar de preguntarse “¿qué herramienta de inteligencia artificial deberíamos comprar?” a preguntarse ¿qué problema queremos resolver?, ¿qué capacidades tenemos? y ¿qué necesitamos desarrollar para hacerlo? “Así, en un sector tradicionalmente conservador, la inteligencia artificial puede dejar de ser una promesa de futuro para convertirse, paso a paso, en una herramienta para construir un sector más productivo, competitivo, sostenible y preparado para lo que viene”, afirmó el profesor Correal.Si el 98 % de las empresas ya sabe que la inteligencia artificial transformará su futuro, el verdadero reto comienza ahora: decidir qué futuro quiere construir el sector con ella.













