Durante una semana, estudiantes de toda Latinoamérica pusieron a prueba modelos de inteligencia artificial, construyeron soluciones para problemas reales y aprendieron de expertos de la industria. En su tercera edición, AI Week LATAM 2026 creció hasta conectar a Colombia, México y Chile y se convirtió en un espacio para aprender, experimentar y prepararse para el futuro de la tecnología.
¿Qué pasa cuando una pregunta sobre derecho colombiano se convierte en un reto de inteligencia artificial? ¿Cuándo un grupo de estudiantes descubre que un modelo pequeño puede competir con sistemas mucho más grandes? ¿O cuando una semana de conferencias termina convirtiéndose en una oportunidad para construir algo que podría seguir creciendo después de la universidad?
Eso fue AI Week LATAM 2026. Del 28 de septiembre al 3 de octubre, la Universidad de los Andes volvió a convertirse en uno de los puntos de encuentro para hablar de inteligencia artificial de frontera, pero esta vez con una novedad que marcó esta tercera edición: por primera vez, el evento se realizó simultáneamente en Colombia, México y Chile, ampliando desde Latinoamérica la conversación sobre cómo aprender, desarrollar y aplicar estas tecnologías.
La magnitud de esta edición habla por sí sola: más de 2.500 personas se registraron en los tres países, más de 1.800 participaron de manera presencial y virtual, se realizaron más de 20 sesiones, más de 30 expertos compartieron su conocimiento y se entregaron más de 290 certificaciones NVIDIA. La programación incluyó, además, seis workshops certificados por NVIDIA, ofrecidos gratuitamente a estudiantes seleccionados de universidades latinoamericanas. Son capacitaciones que, en condiciones normales, tienen un valor aproximado de 500 dólares por persona y que en esta edición contribuyeron a la formación especializada de nivel internacional de cientos de estudiantes.
Detrás de estos números hay una transformación que Rubén Manrique, profesor del Departamento de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes y líder de la iniciativa desde Colombia junto a la empresa Softserve, ha visto durante las tres ediciones: la inteligencia artificial dejó de ser un tema reservado para los estudiantes de sistemas. Este año participaron estudiantes de ingeniería, pero también economistas, abogados, matemáticos, estudiantes de filosofía y de áreas como biología. La razón es que la IA está entrando cada vez con más fuerza en disciplinas muy diferentes y, con ella, también está cambiando las preguntas que deben aprender a hacerse los futuros profesionales.
Por eso, la agenda de AI Week puso el foco en algunas de las tecnologías que están marcando el presente y el futuro de la inteligencia artificial: la IA agéntica y la IA física. No se trató solamente de mostrar robots o tecnologías llamativas, sino de comprender qué hay detrás de ellas: cómo construir modelos capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas, y cómo conectar la inteligencia artificial con sistemas que puedan interactuar con el mundo físico.
Y hubo un momento en el que los estudiantes dejaron de ser espectadores para convertirse en protagonistas: la Hackathon AI Week 2026. El reto nació de un trabajo interdisciplinario entre profesores de Ingeniería, la Escuela de Gobierno y la Facultad de Derecho de los Andes y puso a prueba una pregunta especialmente compleja: ¿puede una solución de IA responder con precisión preguntas sobre jurisprudencia colombiana?
Para intentarlo, los equipos construyeron un sistema RAG (Generación Aumentada por Recuperación) capaz de responder preguntas sobre derecho colombiano a partir de una base de conocimiento construida con normas, decretos y jurisprudencia. Las respuestas fueron evaluadas mediante un benchmark desarrollado por la Universidad, con preguntas y respuestas construidas por abogados expertos. El reto no consistía en conseguir que una IA respondiera, sino en lograr que sus respuestas se acercaran lo más posible a las de un especialista humano.
“Los invitamos a que construyeran sistemas agénticos apoyados en bases de conocimiento que reunían normas, decretos y jurisprudencia. Las respuestas fueron evaluadas utilizando un benchmark desarrollado por la Universidad, con preguntas y respuestas construidas por abogados expertos. Así, el reto no consistía simplemente en conseguir que una IA respondiera, sino que se acercara lo más posible a la respuesta que daría un especialista humano”, señaló el profesor Rubén.
El resultado dejó una de las lecciones más interesantes de la semana: un modelo más pequeño, cuando está acompañado por información de calidad y una buena estrategia de recuperación, puede alcanzar resultados comparables a los de modelos de frontera.
Después de una intensa jornada de trabajo, Juanes Triviño, Shaiel Mateo Jiménez Posada y Samuel Charry, estudiantes de Ingeniería de Sistemas y Computación de Los Andes, con su grupo P34k, se llevaron el primer lugar.

“De esta semana me llevo dos aprendizajes. El primero es que, en tareas de dominio específico, la calidad de la información y de la recuperación puede pesar tanto como el tamaño del modelo. El segundo es cuánto puede alucinar un modelo con total seguridad y el cuidado que exige usar IA en un campo tan delicado como el derecho”, señaló Juanes en su cuenta de LinkedIn.
El segundo lugar fue para Sofía Morato, Joel Niño y Santiago Muñoz, estudiantes de Ingeniería de Sistemas y Computación de Los Andes, con su grupo Syntax. “Trabajar con textos legales fue más complejo de lo que esperaba. Pasamos los días probando distintas formas de procesar los documentos, mejorando la recuperación de información y ajustando el modelo para que las respuestas fueran precisas. Cada cambio lo probábamos, lo medíamos y, si no mejoraba, volvíamos a empezar”, sostuvo Sofía en su perfil de LinkedIn.
El tercer lugar se lo llevaron Santiago Gómez Ordóñez, Angie Camila Gutiérrez Trujillo y Johan Camilo Murcia Valencia, estudiantes de ingeniería de sistemas y computación de Los Andes, con su grupo Samu Enjoyers.
Para Santiago, la competencia sana llevó muy lejos a todos los equipos. “Cada uno impulsó al otro a mejorar, y eso es lo que realmente vale la pena. Nuevamente, felicidades, espero que podamos seguir participando en más eventos y, de igual forma, seguir compitiendo entre nosotros”, dijo en su LinkedIn.
Para los estudiantes, el aprendizaje fue tan importante como el resultado. Durante la semana tuvieron que probar, medir, equivocarse, volver a construir y tomar decisiones sobre qué información debía utilizar el modelo. Y, al trabajar con derecho, también se enfrentaron a una de las grandes preguntas que acompañan el desarrollo de la IA: ¿cómo hacemos para confiar en una tecnología que puede equivocarse incluso cuando parece completamente segura de su respuesta?
La experiencia también acercó a los estudiantes al ecosistema profesional. Empresas y expertos del sector LegalTech acompañaron el reto y conocieron de cerca las soluciones desarrolladas. Después de la hackathon, los equipos tienen la posibilidad de continuar sus proyectos como trabajos de grado, iniciativas de innovación o incluso emprendimientos propios, con el respaldo de las áreas de innovación y emprendimiento de la Universidad.
Esa conexión entre la universidad y el mundo que espera afuera estuvo también en el centro del panel “El futuro del trabajo y la educación en tecnología”, moderado por el profesor Rubén y con la participación de John Howard, líder regional de SoftServe para Latinoamérica; Bernardo Caicedo, decano de la Facultad de Ingeniería de Uniandes; Lina María Agudelo Gutiérrez, decana de la STEAM School de la Universidad EIA; Gabriel Andrés Alzate, fundador de DatosCol y embajador de Anthropic; y Jorjhan Leal, Agentic Architect de SoftServe. La conversación abordó algunas de las preguntas que más inquietan a quienes hoy están decidiendo qué estudiar y cómo prepararse para un mundo en el que la IA cambia a una velocidad inédita.
¿Qué habilidades necesitará un ingeniero cuando la inteligencia artificial pueda desarrollar buena parte de las tareas técnicas? ¿Qué debe conservar una formación universitaria y qué debe transformarse? ¿Cómo se aprende a trabajar con agentes autónomos de manera segura? Y, sobre todo, ¿qué papel tendrá el conocimiento humano cuando las máquinas sean capaces de hacer cada vez más?
La respuesta que atravesó la conversación fue clara: la IA no elimina la necesidad de profesionales preparados; cambia la manera en que esos profesionales trabajan y aumenta el valor de quienes pueden comprender problemas, tomar decisiones, comunicarse, crear y trabajar en colaboración con estas herramientas.
Para Rubén, esa es precisamente la razón de ser de AI Week. La velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial hace difícil que todo conocimiento emergente llegue inmediatamente a los currículos universitarios. Por eso, estos espacios funcionan como un puente: permiten que los estudiantes conozcan tecnologías de punta, experimenten con ellas y aprendan a construir de manera responsable antes de enfrentarse al mercado laboral.
Después de tres años, AI Week LATAM es también la historia de una apuesta que crece: la de acercar a los estudiantes latinoamericanos al conocimiento que está definiendo el futuro y hacerlo de la mano de la academia y la industria. El siguiente paso será consolidar la presencia de Colombia, México y Chile, fortalecer el formato presencial y virtual y seguir llevando a las aulas a expertos que están construyendo estas tecnologías.
Porque quizá lo más importante de AI Week no ocurrió en una conferencia ni estuvo escrito en una diapositiva. Ocurrió cuando un estudiante tuvo la oportunidad de enfrentarse por primera vez a un problema real, cuando descubrió que podía construir una solución, cuando tuvo que defender una decisión frente a un experto o cuando entendió que una tecnología tan poderosa también exige criterio y responsabilidad.
El futuro de la inteligencia artificial no solo se está desarrollando en los grandes laboratorios del mundo. También está comenzando en las aulas, los laboratorios y los equipos de estudiantes que hoy se están preparando para construirlo. Y AI Week LATAM es uno de esos lugares donde esa historia ya comenzó.
Escrito por: María Angélica Huérfano Báez.













