La construcción latinoamericana enfrenta una oportunidad que se mide en trillones, pero también un desafío que no puede resolverse únicamente con más tecnología. Esta fue una de las principales conclusiones del Building Latam Fest 2026, el encuentro que reunió en Bogotá a líderes, fundadores, inversionistas y representantes del ecosistema de construcción, vivienda e infraestructura de Latinoamérica para conversar sobre innovación, productividad y las transformaciones que necesita la industria.
Durante dos días, el 23 y 24 de septiembre pasado, el Edificio Mario Laserna de la Universidad de los Andes fue escenario de conversaciones, paneles y experiencias alrededor de las tecnologías y modelos que están cambiando la manera de diseñar, construir y operar proyectos. En su tercera edición, el Building Latam Fest puso sobre la mesa una pregunta que atraviesa el futuro del sector: si la demanda de infraestructura sigue creciendo, ¿cómo lograr que la industria tenga la capacidad de responder a ella?
Una de las respuestas llegó de la mano de Esteban Aste Saiz, Associate Partner de McKinsey & Company Chile, quien presentó un panorama de la industria de construcción e infraestructura en el mundo, Latinoamérica y Colombia. Su diagnóstico fue contundente: existe una creciente demanda de infraestructura, pero la productividad del sector no avanza al mismo ritmo. Si esta tendencia se mantiene, la brecha acumulada entre la demanda de construcción y la capacidad de la industria para responder podría alcanzar hasta US$40 billones de aquí a 2040.
La cifra permite dimensionar la magnitud del reto. No se trata únicamente de proyectos que podrían tardar más o costar más de lo previsto, sino de la capacidad de las sociedades para construir la infraestructura, las viviendas y los espacios que necesitarán en las próximas décadas. En Colombia, además, Aste destacó que la infraestructura aparece como uno de los principales motores de crecimiento, especialmente en sectores como transporte, centros de datos y energía, mientras que el mercado inmobiliario y residencial mantiene también un peso significativo.
Pero si la demanda está creciendo, ¿por qué la industria no logra responder a la misma velocidad? Para Aste, una de las claves está en la productividad. Aunque durante los últimos años la construcción ha aumentado de manera importante su inversión en digitalización, este esfuerzo no necesariamente se ha traducido en mejoras proporcionales de productividad. La industria, explicó, ha incorporado tecnología, pero todavía enfrenta dificultades para capturar todo el valor que esas herramientas pueden generar.
Por eso, una de las frases que marcó su presentación fue también una invitación a cambiar de perspectiva: “La solución no viene por invertir más. La solución viene por cambiar el modelo operativo de cómo trabajamos”. Para el experto, la inteligencia artificial, el software y la digitalización no pueden entenderse como soluciones aisladas. Su impacto depende de que las organizaciones transformen sus procesos, desarrollen nuevas capacidades y aprendan a trabajar con los datos y las tecnologías de una manera diferente.
Esta transformación debe comenzar incluso antes de que una obra llegue al terreno. Aste mostró cómo existen oportunidades para aplicar tecnología a lo largo de todo el ciclo de vida de un proyecto: desde la definición del portafolio y el diseño de ingeniería hasta la planificación, la construcción y la puesta en marcha. Una planificación deficiente, planos con inconsistencias o sucesivos reprocesos pueden terminar afectando los tiempos y costos de una obra. La productividad, en otras palabras, empieza mucho antes de que comience la construcción.
Entre los ejemplos presentados estuvo Alice Technologies, una herramienta de programación generativa que permite crear y comparar múltiples escenarios para encontrar alternativas de cronograma, recursos y rutas críticas. De acuerdo con los resultados compartidos por Aste, estas soluciones han permitido obtener aceleraciones de entre 10 % y 20 % en los cronogramas y reducciones de entre 2 % y 5 % en el costo total de proyectos. La lógica es similar a la de un sistema de navegación: ante diferentes posibilidades, la tecnología puede evaluar rápidamente distintos caminos y ayudar a identificar cuál ofrece una mejor alternativa frente a las condiciones del proyecto.
Otro ejemplo fue Engineering++, una plataforma de inteligencia artificial aplicada a la ingeniería que integra información proveniente de planos, reportes, modelos y otros documentos para automatizar procesos de revisión, búsqueda y generación de información. Según lo presentado durante la conferencia, este tipo de soluciones puede reducir hasta en 80 % el trabajo asociado a la iteración de planos y hasta en 50 % la duración de determinadas etapas de ingeniería. Pero nuevamente, Aste hizo una precisión fundamental: ninguna herramienta puede generar estos resultados si la organización no cuenta con información de calidad y procesos preparados para aprovecharla.
Ese es, precisamente, uno de los grandes desafíos que enfrenta Latinoamérica. La capacitación, el diseño y la ingeniería y, especialmente, la adopción de tecnología aparece como brechas que están conectadas entre sí: sin las capacidades necesarias es difícil adoptar nuevas herramientas; sin una buena adopción, la tecnología no genera el impacto esperado; y sin mejores procesos de diseño e ingeniería, los problemas terminan trasladándose a las etapas posteriores del proyecto.
El mensaje que dejó Building Latam Fest 2026 va entonces más allá de incorporar nuevas herramientas: la tecnología puede ayudar a cerrar la enorme brecha que enfrenta la construcción, pero el verdadero cambio está en transformar la manera de trabajar. Frente a una necesidad que podría representar hasta US$40 billones de diferencia entre lo que el mundo necesita construir y lo que la industria estaría en capacidad de entregar hacia 2040, la productividad deja de ser una aspiración y se convierte en una condición para el futuro de la infraestructura.
Escrito por: María Angélica Huérfano Báez.













