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      De la investigación al paciente: el reto de la medicina regenerativa
29/10/2026

En el simposio «El futuro de la medicina regenerativa», el doctor William R. Wagner compartió avances y desafíos para convertir los descubrimientos científicos en soluciones que respondan a necesidades clínicas reales. 

¿Cómo lograr que un descubrimiento científico se convierta en una solución que transforme la vida de un paciente? Esta pregunta atraviesa el trabajo de la medicina regenerativa, un campo que busca reparar, reemplazar o recuperar tejidos y órganos afectados por enfermedades o lesiones. Sobre este desafío habló el doctor William R. Wagner, profesor de Bioingeniería, Cirugía e Ingeniería Química en la Universidad de Pittsburgh, durante su conferencia magistral ´El futuro de la medicina regenerativa: de la investigación a la traslación clínica´, realizada el pasado cinco de octubre de 2026 en el Auditorio Lleras de la Universidad de los Andes. 

Su visita hizo parte del simposio «El futuro de la medicina regenerativa», organizado en el marco de los 15 años de Ingeniería Biomédica (IBIO) de la Universidad de los Andes. El encuentro puso en el centro una pregunta clave para el futuro de la salud: cómo conectar la ingeniería, la biología y la medicina para que el conocimiento científico se traduzca en tecnologías capaces de responder a las necesidades de los pacientes. 

Con experiencia en biomateriales e ingeniería de tejidos, Wagner presentó investigaciones que exploran cómo desarrollar materiales compatibles con el organismo y diseñados para cumplir una función temporal mientras el cuerpo inicia sus propios procesos de reparación. Entre ellos se encuentran polímeros biodegradables cuyas propiedades mecánicas pueden ajustarse para responder a las exigencias de distintos tejidos y órganos. 

Uno de los ejemplos fue el desarrollo de válvulas cardíacas fabricadas con materiales biodegradables. La idea es que estas estructuras funcionen como un soporte temporal para las células del paciente y se degraden progresivamente a medida que el tejido se integra. Para lograrlo, los investigadores ajustan características como la flexibilidad, el grosor y la resistencia del material. Según explicó Wagner, este trabajo avanza hacia estudios en animales de mayor tamaño, una etapa necesaria antes de considerar posibles aplicaciones en seres humanos. 

Otra línea de investigación busca reconstruir tejido muscular para tratar lesiones complejas, incluidos algunos traumatismos faciales. La estrategia combina polímeros, matrices biológicas obtenidas mediante la eliminación de células de un tejido, que conservan parte de su estructura extracelular, y células precursoras musculares. Los estudios iniciales en ratas evalúan la formación de tejido y su capacidad para generar fuerza, mientras el equipo avanza hacia modelos animales más grandes.

Wagner también explicó el potencial de los parches cardíacos para intervenir en los cambios que ocurren después de un infarto. Cuando una parte del músculo cardíaco se lesiona, la pared del ventrículo puede adelgazarse y la cavidad aumentar de tamaño, lo que altera su funcionamiento. El objetivo del parche es reducir la tensión sobre la pared y ralentizar esa remodelación perjudicial. Los resultados preclínicos han mostrado señales alentadoras en modelos animales, aunque esta estrategia no regenera por sí misma el músculo perdido ni constituye una cura definitiva. 

Más allá de estos desarrollos, Wagner planteó que la medicina regenerativa atraviesa una etapa de mayor madurez, en la que las expectativas iniciales dan paso a una evaluación más realista de lo que la ciencia puede conseguir. «Creo que, por ahora, se trata más de una evolución que de una revolución. El campo es hoy mucho más maduro y realista, pero seguimos logrando avances importantes», señaló. Entre las tecnologías con potencial para acelerar la investigación destacó los órganos en un chip y los sistemas microfisiológicos, que permiten estudiar mejor las enfermedades, especialmente en personas con factores genéticos de riesgo y podrían ayudar a diseñar medicamentos con mayor rapidez. 

Pero ¿cómo distinguir una terapia con bases científicas sólidas de una promesa que aún carece de evidencia suficiente? Para Wagner, es fundamental examinar qué tan avanzados están los estudios, si los resultados se han obtenido únicamente en modelos animales iniciales o si ya se han probado en escenarios más cercanos a la biología humana, y cuáles son los siguientes pasos para evaluar su seguridad y eficacia. “Hay que preguntarse qué tan avanzada está la evidencia, qué tan cerca está el modelo experimental de reproducir lo que ocurre en los seres humanos y cuáles son los siguientes pasos para avanzar”, advirtió. 

El camino hacia los pacientes también enfrenta obstáculos científicos, regulatorios y económicos. La inflamación, el rechazo inmunológico y la dificultad de mantener vivas las células implantadas pueden limitar los resultados. A esto se suma un gran obstáculo empresarial y económico: producir, conservar y transportar células es complejo y costoso, lo que dificulta construir modelos de negocio suficientemente rentables para atraer inversión. Además, considera relevante observar si existe inversión de compañías importantes, porque la ausencia de inversión puede ser una señal de alerta. 

Wagner subrayó que una innovación no puede demostrar únicamente una mejoría estadísticamente significativa: debe ofrecer un beneficio clínico suficientemente importante para justificar sus costos y favorecer su adopción. En ese proceso, la regulación y el diseño de alternativas que reduzcan los riesgos son factores decisivos. 

La conclusión de Wagner es que trasladar la investigación a la práctica clínica exige mucho más que un hallazgo prometedor: requiere colaboración entre la ciencia, la ingeniería, la medicina, la industria y el emprendimiento desde las primeras etapas del desarrollo. También demanda reconocer los límites de cada tecnología, demostrar sus beneficios y construir rutas realistas para que las soluciones lleguen a quienes las necesitan. En los 15 años de Ingeniería Biomédica en Los Andes, este desafío representa una oportunidad para seguir conectando el conocimiento con las necesidades de la sociedad y contribuir a que la innovación científica se traduzca, finalmente, en mejores alternativas para los pacientes.

Escrito por: María Angélica Huérfano Báez. 

 

 

 

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