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      Olimpiadas STEM-Uniandes, cuando las matemáticas se convierten en inspiración
28/05/2026

“La prueba fue muy linda y retadora, pero a mí me encantan los retos. Incluso, después de la segunda ronda, me llevé las preguntas para seguir estudiando en mi casa porque me gustaron demasiado”. Así resume Camila Restrepo, estudiante del colegio La Enseñanza de Medellín, lo que significó participar en la primera edición de las Olimpiadas STEM-Uniandes, una iniciativa de las facultades de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de los Andes que nació para descubrir, motivar y acompañar a jóvenes con habilidades en matemáticas y pensamiento lógico. 

La historia de Camila fue una de las muchas que marcaron una jornada llena de emoción, orgullo y celebración, en la que fueron reconocidos los estudiantes que lograron llegar a la final y destacarse entre las tres exigentes rondas que hicieron parte de las Olimpiadas. 

Todo comenzó en octubre de 2025, cuando se abrió la convocatoria para que colegios de Bogotá y sus alrededores participaran en la primera ronda del certamen. Pero lo que inicialmente se crea como una iniciativa local rápidamente empezó a crecer y a despertar interés en distintas regiones del país. En esta primera etapa participaron 2.607 estudiantes de 59 colegios provenientes de ciudades como Medellín, Montería, Cúcuta e Ibagué, entre otras. 

Tras esta primera ronda clasificaron 373 estudiantes, quienes continuaron avanzando en un proceso diseñado para poner a prueba mucho más que conocimientos: su capacidad de análisis, creatividad y pensamiento matemático. 

Para la segunda ronda, realizada el 20 de marzo de 2026 en las instalaciones de la universidad, llegaron 287 estudiantes de 51 colegios de todo el país. Finalmente, 47 estudiantes de 21 instituciones educativas lograron avanzar a la gran final. 

“El objetivo era poner a prueba su capacidad de analizar, crear estrategias y resolver problemas desde el pensamiento matemático. Queríamos que entendieran que las matemáticas no son solamente operaciones, sino creatividad, análisis y comprensión”, señaló Carlos Francisco Rodríguez, profesor y vicedecano de la Facultad de Ingeniería y uno de los miembros del comité organizador de las Olimpiadas. 

Por eso, en cada etapa los participantes debían enfrentarse a retos abiertos, preguntas de lógica y ejercicios que exigían imaginación y nuevas formas de aproximarse a los problemas. Más que memorizar fórmulas, el desafío consistía en aprender a pensar diferente. 

Tras semanas de expectativa, llegó la gran final. La tercera ronda se llevó a cabo el pasado 23 de mayo en la Universidad de los Andes, en una jornada que reunió a estudiantes, profesores y familias de diferentes regiones del país y que cerró con la premiación de los ganadores. 

Para muchas familias, más que una competencia, la experiencia terminó convirtiéndose en un momento profundamente significativo. Y no era para menos. Muchos participantes viajaron durante horas para llegar a Bogotá y vivir lo que para ellos ya representaba un logro enorme. “Llegar hasta aquí ya era un mérito impresionante”, afirmó el profesor. “Muchos de ellos todavía están en octavo o noveno, pero aquí ya empiezan a imaginarse un futuro posible en la ciencia, la ingeniería o la tecnología”

Uno de los aspectos que más celebró el comité organizador, del que también hacen parte Alexander Cardona, director del Departamento de Matemáticas; Alf Onshuus, profesor de este mismo departamento; Óscar Felipe Bernal de la Sociedad Colombiana de Matemáticas y Laura Rodríguez Sierra, monitora del departamento de Matemáticas, fue la alta participación de niñas en esta primera edición, algo especialmente valioso en áreas STEM donde todavía existen importantes brechas de género. “Eso me parece fantástico”, aseguró Carlos Francisco Rodríguez. “Todavía hay muchas niñas que sienten barreras frente a las matemáticas, así que verlas aquí participando y destacándose es una señal muy positiva”, sostuvo.  

Y así, entre aplausos, abrazos y ovaciones, el comité organizador reveló el nombre de los ganadores: Andrés Felipe Aguirre, del Colegio Calasanz de Bogotá; Salomón Castellanos, del colegio La Salle de Bogotá; Matías Núñez, del Colegio Calasanz de Bogotá; y Camila Restrepo, del colegio La Enseñanza de Medellín, con quien comenzó esta historia. 

Para el comité organizador, estas Olimpiadas representan mucho más que una competencia académica. También son una estrategia de largo plazo para fortalecer la relación entre la universidad y los colegios del país, inspirar nuevas vocaciones científicas y promover una cultura en la que las matemáticas dejen de verse como algo lejano o inaccesible. “Hoy tenemos muchos estudiantes que llegan a la universidad con dificultades en matemáticas. Queremos ayudar a transformar esa relación desde el colegio y mostrar que estos temas también pueden ser emocionantes, útiles y cercanos”, explicó Carlos Francisco Rodríguez. 

Por eso, el futuro de las Olimpiadas STEM-Uniandes ya empezó a construirse. El comité organizador proyecta nuevas versiones del concurso y, además, busca convertir esta iniciativa en una plataforma de trabajo conjunto con colegios y profesores de matemáticas de todo el país. 

La idea es impulsar espacios de formación en pensamiento matemático, fortalecer metodologías innovadoras y conectar a más jóvenes con experiencias como el laboratorio CREA, donde la ciencia, la ingeniería y la creatividad se viven de manera práctica, cercana y divertida. 

Al final de la jornada, Andrés Felipe Aguirre resumió lo que significó esta experiencia para muchos de los participantes. “Quiero agradecer a la universidad por esta experiencia tan bonita y retadora. Este premio recompensa el esfuerzo que todos hicimos”, aseguró. Aunque todavía no tiene completamente definido su futuro profesional, hoy mira con interés caminos como la ingeniería mecánica o la ciencia de datos. 

Camila, por su parte, también salió convencida de algo importante: quiere construir soluciones para el mundo desde la ingeniería. Y quizás ahí está el mayor logro de estas Olimpiadas: sembrar en cientos de jóvenes la certeza de que el talento, la curiosidad y las matemáticas también pueden convertirse en herramientas para transformar el futuro. 

De esta manera, lo que comenzó como una primera apuesta hoy se siente como una semilla que apenas empieza a crecer. Una semilla capaz de transformar la manera en que cientos de jóvenes descubren su talento, se acercan a las matemáticas y empiezan a imaginar un futuro dentro de las carreras STEM. Porque, como demostraron Camila, Andrés y los demás finalistas, cuando un estudiante encuentra un espacio donde sentirse brillante, acompañado y retado, las posibilidades dejan de tener límite. 

Escrito por: María Angélica Huérfano Báez

 

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