En tan solo dos semanas analizaron muestras para identificar las condiciones necesarias para la existencia de vida en otros planetas, aprendieron cómo descontaminar agua para hacerla apta para el consumo humano, desarrollaron estrategias para identificar amenazas de ciberseguridad y entrenaron modelos de inteligencia artificial capaces de resolver diferentes retos.
También descubrieron cómo la naturaleza inspira algunos de los avances tecnológicos más sorprendentes al construir un dedo robótico basado en el funcionamiento del cuerpo humano y conocieron de primera mano cómo operan la generación de energía, las redes y los vehículos eléctricos. ¿Suena increíble? Pues esta fue la experiencia que vivieron 58 estudiantes de diferentes colegios de Colombia y otros países durante la Escuela de Verano para Jóvenes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, realizada entre el 30 de junio y el 10 de julio de 2026.
Durante estos días, nuestros invitados aceptaron un reto: convertirse en ingenieros e ingenieras por unos días para descubrir cómo, desde diferentes disciplinas, podían transformar el mundo y aportar soluciones a algunos de los desafíos más importantes de la actualidad. Para muchos, también fue la oportunidad de descubrir que esa podría ser la profesión con la que siempre habían soñado.
Cada curso fue una oportunidad para experimentar, cuestionar y crear. En lugar de limitarse a escuchar teoría, los estudiantes trabajaron en laboratorios, resolvieron problemas reales y utilizaron herramientas y tecnologías que hoy impulsan la innovación en áreas como la inteligencia artificial, la robótica, la ciencia de datos, la energía, la ingeniería ambiental y la exploración espacial. Así comprobaron que la ingeniería cobra verdadero sentido cuando se pone al servicio de las personas.
Pero la Escuela de Verano fue mucho más que una experiencia académica. Durante estas dos semanas, los estudiantes compartieron con profesores, mentores y universitarios, recorrieron el campus, construyeron nuevas amistades y convivieron con jóvenes que, al igual que ellos, sienten curiosidad por entender el mundo y transformarlo a través de la ciencia, la tecnología y la innovación. Al mismo tiempo, descubrieron el valor de aprender haciendo, una de las experiencias que hacen única la formación en ingeniería.
Además, el programa les permitió adelantar créditos académicos que podrán homologar si, en el futuro, deciden ingresar a la Universidad de los Andes. Una oportunidad para comenzar a construir su proyecto de vida mientras descubren sus intereses, fortalecen su vocación y se acercan, desde ahora, a la vida universitaria.
Al finalizar la Escuela de Verano, los participantes regresaron a casa con mucho más que nuevos conocimientos. Se llevaron la certeza de que la ingeniería no consiste únicamente en resolver ecuaciones o construir máquinas, sino en imaginar soluciones para mejorar la vida de las personas. Porque, a veces, solo hacen falta unos días viviendo como ingeniero o ingeniera para descubrir todo lo que se es capaz de transformar.
Escrito por: María Angélica Huérfano Báez













