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      Natalia Villegas, ingeniera por admiración, Suma Cum Laude por pasión
28/05/2026

Desde muy pequeña, mientras escuchaba a su mamá explicarle matemáticas a su hermana mayor, algo hizo clic en ella. Tal vez no lo sabía entonces, pero en esos momentos estaba naciendo una ingeniera. No solo por su gusto por los números o la curiosidad por entender cómo funcionan las cosas, sino por la profunda admiración hacia la mujer que tenía enfrente: su mamá, ingeniera civil de la UIS, a quien describe como una de las personas más inteligentes y berracas que conoce. “Quise estudiar ingeniería porque quería parecerme a ella”, recuerda hoy con una sonrisa. 

Ese deseo de seguir los pasos de quien siempre fue su modelo a seguir terminó llevándola mucho más lejos de lo que imaginaba. Aunque todavía conserva el sueño de ponerse un casco de ingeniera civil algún día, encontró su camino en la doble titulación de Ingeniería Industrial e Ingeniería de Sistemas y Computación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes. Dos carreras que, según ella, se complementan de manera poderosa para entender los sistemas humanos, tecnológicos y sociales, y construir soluciones con impacto real. 

Esa pasión también la llevó a vivir experiencias fuera del país a través de intercambios académicos, convencida de que viajar transforma la manera en que entendemos la vida. “Viajar nos obliga a salir de nuestra propia perspectiva”, asegura. Y quizá esa capacidad de abrirse a nuevas miradas fue la que convirtió su paso por la universidad en una experiencia tan significativa. 

Hoy trabaja como ingeniera de inteligencia artificial en una startup en República Checa, donde combina varias de sus grandes pasiones: aprender, resolver problemas y conocer el mundo. En un campo que evoluciona todos los días, disfruta la posibilidad de mantenerse curiosa y en constante transformación. A futuro, sueña con continuar su formación con una maestría y, eventualmente, regresar a la academia para enseñar y seguir construyendo puentes entre tecnología, educación e impacto. 

Al hablar sobre la ingeniería, su mirada va mucho más allá de las fórmulas, los cálculos o la tecnología. Para ella, la ingeniería es una forma de entender el mundo y una herramienta para transformarlo. “La ingeniería nace del ingenio humano”, afirma. Y precisamente por eso cree que tiene el poder de cambiar sociedades enteras: porque convierte ideas en soluciones, problemas complejos en oportunidades y conocimiento en impacto real. 

Además, está convencida de que muchas veces el límite está únicamente en nuestra imaginación. Gracias a la ingeniería, explica, es posible construir soluciones más sostenibles, sistemas más justos y tecnologías capaces de mejorar la calidad de vida de millones de personas. Pero, sobre todo, resalta algo que considera fundamental: no existe una sola manera de hacer ingeniería. También es social, económica, financiera y profundamente humana. Se trata de entender cómo funcionan los sistemas que nos rodean y encontrar formas de transformarlos para construir un futuro mejor. 

Para ella, uno de los mayores aprendizajes en la Universidad de los Andes fue entender que la universidad no solo forma profesionales, sino también personas capaces de enfrentarse a problemas reales, trabajar en equipo y adaptarse a contextos complejos. Más allá de los conocimientos técnicos, aprendió que las mejores soluciones nacen de la colaboración, de hacer preguntas, de equivocarse y de atreverse a pedir ayuda. Una experiencia que le enseñó que el verdadero aprendizaje ocurre cuando el conocimiento se usa para transformar realidades. 

Quizá esa manera de ver la vida explica por qué hoy recibe el reconocimiento Suma Cum Laude de la Facultad de Ingeniería. No solo por su excelencia académica, sino por representar algo aún más valioso: la capacidad de aprender con pasión, construir con propósito y nunca dejar de imaginar nuevas formas de transformar el mundo. 

Conoce más de nuestra Suma Cum Laude 

Carreras: Ingeniería Industrial e Ingeniería de Sistemas y Computación.

Promedio: 4.89

Nombre de la tesis: Optimización del cálculo del Índice de Oportunidad de Transporte (TOI) y su representación en una herramienta de visualización para Bogotá

¿Por qué decidiste estudiar esta ingeniería? 

Aparte de la respuesta cliché de que me gusta la matemática, la ciencia y entender cómo funcionan las cosas, creo que la verdadera razón por la que decidí estudiar ingeniería empieza en mi casa. Mis padres siempre han sido mi mayor apoyo y mis guías, pero especialmente mi mamá. Ella es una de las mujeres más berracas e inteligentes que conozco, y siempre ha sido mi modelo a seguir. Es ingeniera civil de la UIS y dejó su profesión para hacer uno de los actos más generosos que existen: criar a mi hermana y a mí. Uno de mis recuerdos más queridos es verla sentarse a explicarle matemáticas a mi hermana, que es dos años mayor que yo, mientras yo escuchaba y entendía con relativa facilidad lo que decía. Creo que ahí, sin darme cuenta, empezó todo: quise estudiar ingeniería porque quería parecerme a ella. 

La ironía es que no terminé siendo ingeniera civil (aunque todavía guardo el sueño de usar casco algún día), sino que encontré mi camino en otras dos ingenierías. Empecé por Ingeniería Industrial. Llegué a ella también por influencia familiar: mi prima, uniandina e industrial, se sentó conmigo alguna vez a contarme sobre su carrera y logró enamorarme de ella. Me mostró que Industrial no solo unía mi gusto por las matemáticas, sino también una infinidad de oportunidades, industrias y formas de impacto. Me atrajo profundamente esa manera de ver el mundo como un sistema, donde las decisiones, las personas, los procesos y los recursos están conectados, y donde optimizar no significa solo hacer algo más eficiente, sino también entender mejor la realidad que nos rodea. 

Por otro lado, Ingeniería de Sistemas y Computación siempre estuvo presente como otra posibilidad que terminó volviéndose inevitable. Desde mi proyecto de grado en el colegio, donde programé por primera vez una aplicación conectada a un prototipo de robótica que mostraba la constelación zodiacal según la fecha de cumpleaños, descubrí que la programación tenía algo casi mágico: permitía convertir una idea en algo real. Más adelante, en la Universidad, tomar Introducción a la Programación con el profesor Cristian Aparicio Baquero terminó de cimentar mi decisión de hacer la doble carrera. En esa clase aprendí que programar no era solo escribir código, sino aprender una forma distinta de pensar, estructurar problemas y ampliar el alcance de cualquier solución. 

Hoy siento que Industrial y Sistemas se complementan de una manera muy poderosa. Una me enseña a entender los sistemas humanos, productivos y sociales; la otra me da herramientas para modelarlos, analizarlos y transformarlos. Juntas me permiten imaginar soluciones con mayor impacto, más pertinentes y más conectadas con las necesidades del mundo actual. Por eso decidí estudiar estas ingenierías: porque me permiten unir mi historia familiar, mi amor por aprender, mi curiosidad por los sistemas y mi deseo de construir algo que sea más grande que yo. 

¿Cuál es tu mayor pasión? 

Mi mayor pasión es aprender en todos los formatos posibles: leyendo, viendo documentales, hablando con personas, escuchando historias y coleccionando datos curiosos que, aunque parezcan pequeños, muchas veces terminan conectándose con algo más grande. Me encanta expandir mi conocimiento, mi forma de ver el mundo y mi alcance. Creo que aprender es una manera de mantenerse en movimiento, de crecer constantemente y de recordar que siempre hay algo más por descubrir. 

Además una de las mejores maneras de aprender es viajando. Viajar tiene algo muy especial: nos obliga a salir de nuestra propia perspectiva, a entender que el mundo es mucho más grande que nuestras rutinas y que siempre hay otra forma de vivir, pensar, crear y resolver problemas. 

Por eso, desde que supe que la universidad ofrecía la oportunidad de hacer un intercambio, la tomé sin pensarlo dos veces. Viajar me permitió aprender de las personas, de las culturas, de las conversaciones inesperadas y de esas pequeñas diferencias que terminan cambiando la forma en la que uno entiende la vida. 

¿Cuál fue la clase que más te impactó?

Esta es una pregunta incómoda para mí, porque siento que escoger una sola clase es dejar por fuera a profesores que marcaron profundamente mi paso por la Universidad. La universidad ha sido una de las etapas más increíbles de mi vida y, tuve clases excelentes con docentes admirables, no solo por la forma en que enseñaban, sino por la manera en que inspiraban. 

Diría que la clase que más me impactó fue Principios de Optimización, con el profesor Andrés Medaglia. Allí nació mi amor por la optimización: por esa posibilidad casi mágica de traducir problemas reales en modelos matemáticos, entender sus restricciones y buscar la mejor decisión posible. Fue una materia que me mostró que las matemáticas no solo sirven para describir la realidad, sino también para transformarla. Además, gracias a esa clase me acerqué al grupo de investigación COPA y terminé encontrando el camino hacia mi tesis, porque descubrí que esos temas no solo me interesaban, sino que me apasionaban.

Dicho eso, sería imposible no mencionar otras clases que también me marcaron. En Industrial, Analítica Computacional para la Toma de Decisiones, con Juan Fernando Pérez, una clase que unió mis dos carreras y me permitió trabajar con herramientas como AWS y modelos de machine learning (ML) desde una perspectiva técnica y de negocio. Probabilidad y Estadística II, con Carlos D. Valencia, me dio bases fundamentales para entender analítica, ML e inteligencia artificial (IA), con una pedagogía exigente pero brillante. Y Finanzas, con Julio Villarreal, fue una de esas clases que uno no espera amar tanto y termina convirtiéndose en un gusto culposo, al punto de convertirse en mi segunda área de profundización.  

Desde Sistemas también hubo clases memorables: Infraestructura de Comunicaciones, con Yezid Donoso, por su nivel de detalle, su pasión y su forma tan entretenida de enseñar; Sistemas Transaccionales, con Wilfredy Santamaría, por mostrarme el poder y la lógica detrás de las bases de datos; e Inteligencia de Negocios, con Haydemar Núñez, porque me dio herramientas esenciales para acercarme al mundo de los datos, la ciencia de datos y la IA. 

Finalmente, hay una clase que no puedo dejar por fuera: Los colombianos: 50 millones de desconocidos a tu alrededor, con Matthieu de Castelbajac. Me encantó precisamente porque se salía por completo de mi zona de confort de ingeniería. Desde una mirada externa, pude cuestionar aspectos de Colombia que muchas veces normalizamos por haber crecido en ellos. Fue una clase profundamente entretenida, reflexiva y retadora, en la que aprendí a observar mi propio contexto con otros ojos. 

Creo que se nota que amé mis clases y a muchos de mis profesores. Podría hablar maravillas de cada uno, pero entonces esta entrevista dejaría de ser una entrevista y se convertiría en una carta de amor a la Universidad. 

¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en Uniandes? 

Mi mayor aprendizaje en Uniandes fue entender que la universidad no solo forma profesionales, sino también personas. Por supuesto aprendí temas técnicos, herramientas, modelos y conceptos que me emocionan profundamente, pero creo que lo más valioso fue aprender a enfrentar problemas reales, que no vienen con rúbrica, instrucciones perfectas ni una única respuesta correcta. 

La metodología de aprendizaje basado en problemas me enseñó a enfrentarme a la vida real: la vida profesional se parece mucho más a un reto abierto que a un examen tradicional. En Uniandes tuve la oportunidad de enfrentarme a casos con empresas, contextos reales y problemáticas complejas, donde no bastaba con saber la teoría, sino que había que entender el entorno, hacer preguntas, tomar decisiones y construir soluciones posibles. Ahí comprendí que el conocimiento verdaderamente se aprende cuando se usa para transformar algo. 

También aprendí el valor enorme de trabajar en equipo. En la universidad entendí que las mejores soluciones no nacen de una sola persona, sino de la combinación de perspectivas, fortalezas y formas distintas de pensar. Aprendí a delegar, a organizarme, a comunicar mejor mis ideas y a reconocer que, cuando hay un objetivo común, orden y mucha comunicación, un equipo puede llegar mucho más lejos

Finalmente, Uniandes me enseñó algo que parece sencillo, pero que para mí ha sido fundamental: no tener miedo de fallar, preguntar ni pedir ayuda. Fallar no es una señal de debilidad, sino una parte inevitable del proceso de aprender, especialmente cuando uno se atreve a enfrentar retos difíciles. Aclarar límites, expectativas y dudas es muchas veces lo que permite resolver realmente un problema. Y en ese proceso también descubrí que siempre hay personas dispuestas a orientar, acompañar y ayudar cuando uno demuestra ganas genuinas de aprender, mejorar y hacer las cosas bien. 

¿En qué trabajas actualmente y cuáles son tus proyectos a futuro?

Actualmente trabajo como Ingeniera de IA en una startup en República Checa, una experiencia que ha unido varias de las cosas que más me apasionan: aprender, viajar y enfrentarme a problemas nuevos. De alguna manera, siento que estoy cumpliendo esa meta que siempre he tenido de conocer el mundo para entenderlo mejor, pero también de retarme todos los días en un campo que cambia a una velocidad impresionante. 

Trabajar en IA me ha permitido aplicar conocimientos de mis dos carreras y, al mismo tiempo, aceptar que en esta área uno nunca termina de aprender. Cada proyecto trae una pregunta distinta, una herramienta nueva o una forma diferente de pensar una solución. Eso me emociona mucho, porque me obliga a mantenerme curiosa, flexible y dispuesta a adaptarme. 

A futuro, quiero seguir profundizando mi formación con una maestría en una universidad reconocida internacionalmente (como los Andes). Todavía no tengo completamente definido el tema (porque amo mis dos ingenierías y eso complica un poco escoger), así que no descarto un MBA, una maestría en IA o una en analítica de datos. Por ahora, quiero seguir trabajando, ganando experiencia y entendiendo mejor hacia dónde quiero orientar mi impacto profesional. 

Lo que sí tengo claro es que quiero volver a la academia de alguna forma, porque aprender siempre ha sido una de mis mayores pasiones. Y tampoco descarto enseñar. Gracias a mi experiencia como monitora en la Universidad descubrí lo mucho que disfruto explicar, acompañar procesos de aprendizaje y ayudar a otros a entender temas que al principio parecen difíciles. Creo que, en el futuro, me encantaría encontrar una manera de unir tecnología, educación e impacto. 

¿Qué consejo le darías a un “primíparo”? 

Le diría que entienda que la Universidad de los Andes es mucho más que sus clases. Claro que es importante estudiar, ir a clase y cumplir con las responsabilidades académicas, pero la universidad también es un espacio enorme de crecimiento, descubrimiento y oportunidades, y hay que aprovecharlo con intención. 

Primero, les diría que se acerquen a sus profesores. Uniandes tiene docentes brillantes, con años de experiencia en la academia, la industria y la vida, y muchos de ellos están genuinamente dispuestos a ayudar. Pregunten en clase, vayan a horarios de atención, pidan consejo y no tengan pena de decir “no entendí”. Yo estoy profundamente agradecida con mis profesores, porque muchas veces no solo me explicaron un tema hasta que me quedara claro, sino que también me orientaron en decisiones académicas, profesionales e incluso personales. 

También les aconsejaría aprovechar todas las oportunidades que la universidad ofrece: intercambios, prácticas, grupos de investigación, hackáthones, competencias, monitorías y espacios de apoyo académico como CupiTaller, Pentágono o las consejerías. Muchas veces esas experiencias terminan siendo tan importantes como una clase, porque allí uno pone a prueba lo que sabe, descubre nuevos intereses y conoce personas increíbles. 

Y precisamente ese sería otro consejo: conozcan gente. Escuchen sus historias, aprendan de sus fortalezas, hagan amigos, parchen y construyan redes. Uno aprende muchísimo de los demás, y nunca sabe cuándo se volverá a cruzar con alguien en la vida. Además, cuiden su salud mental. La universidad puede ser exigente, y por eso es fundamental recordar que no todo es estudiar. También hay que descansar, disfrutar el campus, ir a eventos, caminar, respirar y, si se puede, terminar en una clase de yoga en La Caneca. 

La universidad puede ser tan enriquecedora como uno se lo proponga. Mi consejo sería: aprendan, equivóquense, pidan ayuda, rétense, disfruten y crezcan. Vivan esta etapa de una forma que, cuando miren hacia atrás, puedan sentirse orgullosos no solo de lo que lograron académicamente, sino también de la persona en la que se convirtieron.

¿Por qué crees que la ingeniería puede transformar a las personas y a las sociedades?  

Creo que la ingeniería es mucho más que cálculos, edificios, física o tecnología. Para mí, la ingeniería es una forma de ver el mundo. Es la capacidad de observar algo que no funciona bien y tener no solo el deseo de cambiarlo, sino también las herramientas y la disciplina para construir una solución. 

La ingeniería está en todas partes, incluso en las cosas pequeñas que muchas veces damos por sentado: en los sistemas que nos conectan, en las herramientas que facilitan nuestra vida, en los procesos que optimizan recursos y en las ideas que convierten problemas complejos en oportunidades. Por eso siento que la ingeniería es, de alguna manera, el pegamento que une a la sociedad. Une conocimiento, creatividad, análisis y propósito para ayudarnos a avanzar. 

Además, algo que me parece profundamente bonito de la ingeniería es que nace del ingenio humano. Incluso la palabra lo dice. Es esa capacidad tan nuestra de imaginar algo diferente y hacerlo realidad. Y justamente por eso creo que la ingeniería tiene un impacto enorme en las personas y en las sociedades: porque amplifica lo que somos capaces de crear colectivamente. 

La ingeniería también nos enseña que el límite muchas veces está en nuestra imaginación. Gracias a ella podemos construir soluciones más sostenibles, sistemas más justos y tecnologías que mejoren la calidad de vida de millones de personas. Y lo más interesante es que no existe una sola ingeniería: la ingeniería también es social, económica, financiera y humana. Se trata de entender cómo funcionan los sistemas que nos rodean y cómo podemos transformarlos para construir un mejor futuro. 

Al final, creo que las sociedades crecen cuando las personas se atreven a imaginar algo mejor y trabajan para hacerlo posible. Y ahí, la ingeniería tiene un papel fundamental.

Escrito por: María Angélica Huérfano Báez

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