Hace cuatro años Sara decidió aprender a tocar flauta traversa porque, según cuenta entre risas, era el único instrumento de viento que había visto en una banda de rock y eso le parecía muy increíble. Hoy, mientras cursa noveno grado y sigue perfeccionando la técnica de su instrumento, ha empezado a pensar seriamente lo que quiere estudiar. Se inclina por Ingeniería Biomédica o Medicina, pero aún tiene unos añitos más para estar completamente segura.
Lo que no imaginaba Sara era que vivir una experiencia de dos semanas en el Campamento de Programación de la Faculta de Ingeniería de la Universidad de los Andes le agregaría una nueva disciplina de estudio a su baraja de opciones.
Sara estudia en el Gimnasio Campestre Marie Curie, ubicado en Mosquera, Cundinamarca, uno de los 32 colegios entre públicos y privados de Bogotá y sus alrededores, que participaron este año del Campamento de Programación.
Cuando recibió la invitación para postularse al campamento, no lo dudó, pues la tecnología es uno de los tantos temas que le llaman la atención. Además, ya había tenido un primer acercamiento a la programación, pero quería entender por qué Python es considerado uno de los lenguajes de programación más importantes del mundo y descubrir hasta dónde podía llegar con este.
Lo que encontró superó por completo sus expectativas. "Yo pensaba que la programación era una herramienta principalmente para quienes querían estudiar Ingeniería de Sistemas, pero aquí entendí que puede servir para cualquier profesión. Si estudio Medicina o Ingeniería Biomédica, la programación puede ayudarme a crear herramientas, automatizar procesos, trabajar con inteligencia artificial o desarrollar soluciones que mejoren la vida de las personas", afirma.
Ese descubrimiento resume precisamente el propósito del Campamento de Programación, una iniciativa que este año celebró su sexta edición y que busca despertar en los jóvenes el interés por el pensamiento computacional y mostrarles que programar es una habilidad transversal para cualquier campo del conocimiento.
Es importante recordar que, en 2019, la Universidad de Stanford y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes lanzaron el primer campamento de programación en Colombia, dirigido a estudiantes de colegios públicos y privados de todo el país. Desde entonces, alrededor de 600 jóvenes han descubierto que la programación es mucho más que aprender a escribir código: es un nuevo lenguaje para crear, resolver problemas, innovar y transformar el mundo desde cualquier disciplina.
“En esta última versión participaron cerca de 90 estudiantes con una distribución prácticamente igual entre mujeres y hombres. Tuvimos jóvenes con niveles muy distintos de experiencia: cerca del 40 % tenía conocimientos básicos, un 30 % no había programado nunca y el otro 30 % contaba con un nivel intermedio", explica Kelly Garcés, profesora del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación y líder del campamento.
Precisamente esa diversidad llevó al equipo organizador a implementar una de las principales novedades de esta edición: agrupar a los estudiantes según sus conocimientos previos. De esta manera, quienes ya tenían experiencia pudieron asumir retos más avanzados, mientras que quienes apenas comenzaban aprendieron a un ritmo adecuado para fortalecer sus bases y desarrollar sus propios proyectos.
Para Sara, uno de los mayores descubrimientos fue comprobar que Python es un lenguaje mucho más cercano de lo que imaginaba. "Me sorprendió que muchos comandos están escritos con palabras en inglés que son fáciles de entender. Eso hace que pasar una idea al código sea mucho más natural. En solo dos semanas aprendimos desde funciones básicas hasta importar librerías y construir programas mucho más completos”.
Pero el campamento fue mucho más que aprender a programar. También significó conocer por primera vez la vida universitaria, recorrer el campus, participar en actividades deportivas, descubrir iniciativas estudiantiles y compartir con jóvenes de diferentes colegios que, aunque tenían historias muy distintas, compartían la misma curiosidad por aprender y crear.
"Uno llega pensando que va a encontrar únicamente personas que viven programando o jugando videojuegos, pero aquí hay estudiantes con gustos muy diferentes. Eso hace que el ambiente sea muy cómodo y que uno aprenda también de las experiencias de los demás", cuenta Sara.
El momento de poner a prueba todo lo aprendido llegó con el proyecto final. Mientras algunos estudiantes desarrollaron programas de consola y ejercicios con la robot Karel, los grupos más avanzados diseñaron videojuegos y animaciones completas. Sara decidió crear el suyo: un juego de misiones en el que un personaje debe superar diferentes niveles enfrentando nuevos desafíos.
"Los estudiantes lograron resultados muy interesantes de acuerdo con su nivel de experiencia. Quienes ya tenían bases desarrollaron videojuegos con un nivel sorprendente para solo dos semanas de trabajo, mientras que quienes estaban empezando construyeron programas funcionales que les permitieron comprender los fundamentos de la programación. Lo más importante es que todos terminaron convencidos de que pueden seguir aprendiendo por su cuenta”, sostuvo la profesora Kelly.
Para Sara, el reto más grande no fue escribir código, sino aprender a organizar las ideas. "Lo más difícil fue entender la lógica del programa. Puedes conocer todos los comandos, pero convertir una idea en un proyecto organizado exige pensar paso a paso, estructurar bien las funciones y aprender a resolver problemas. Eso fue lo que más me hizo crecer".
Al mirar atrás, Sara siente que el mayor aprendizaje va mucho más allá de Python. Descubrió que programar fortalece la lógica, la creatividad y la capacidad de resolver problemas, habilidades que la acompañarán sin importar cuál sea la carrera que finalmente elija. Porque ahora sabe que la programación no pertenece únicamente al mundo de la computación: es un lenguaje universal capaz de potenciar a médicos, ingenieros, científicos, músicos y profesionales de cualquier disciplina.
Por eso, si pudiera darles un consejo a otros jóvenes, no hablaría primero de videojuegos, algoritmos o inteligencia artificial. Les diría simplemente que se atrevan. "Es una experiencia que te cambia la forma de pensar. No importa si quieres estudiar sistemas o cualquier otra carrera; aprender a programar te abre posibilidades que uno ni siquiera imagina. Yo vine buscando aprender Python y terminé descubriendo una herramienta que puede acompañarme toda la vida”.
Y esta historia no termina aquí. La Universidad de Stanford y el Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes ya trabajan en una nueva edición del Campamento de Programación y avanzan en la segunda versión de PyLatino, el campamento virtual que, entre octubre de 2025 y enero de 2026, impactó a más de 1.100 participantes, principalmente de Colombia y Perú. El objetivo ahora es llegar a más personas en toda Latinoamérica.
El Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes agradece profundamente a la Fundación Vélez Reyes+, patrocinadora de los campamentos, así como a los colegios, las familias, los mentores y, sobre todo, a los estudiantes que se atrevieron a aceptar el reto. Porque cada línea de código escrita durante estas dos semanas representa mucho más que un aprendizaje técnico: es una nueva forma de pensar, de crear y de imaginar soluciones para los grandes desafíos del mundo.
Al final, enseñar programación no es únicamente formar futuros ingenieros; es sembrar curiosidad, creatividad y la confianza de que cualquier joven puede transformar su realidad a través del conocimiento.
Escrito por: María Angélica Huérfano Báez













