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      Pylatino: cuando la programación rompe fronteras
29/04/2026

A sus 41 años, Diana volvió a empezar. Desde Sibaté, Cundinamarca, y enfrentando el desempleo, decidió inscribirse en un curso de programación que no solo le enseñó un nuevo lenguaje, sino que le abrió una nueva forma de ver el mundo. “Muchas gracias, profesora Kelly, y a todo el equipo de Uniandes y Stanford. Gracias por esta maravillosa experiencia, por la calidad de los profesores, mentores y el material”, cuenta. Como ella, más de mil personas en América Latina encontraron en la virtualidad y en la programación una oportunidad para reinventarse. 

Esa historia es uno de los muchos resultados del proyecto Pylatino, una iniciativa del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes en alianza con el equipo de CodeInPlace de la Universidad de Stanford que, en su más reciente versión, logró llevar la enseñanza de la programación a una escala sin precedentes. Lo que empezó como un campamento presencial para 100 jóvenes en Bogotá, hoy es un programa virtual que conecta a personas de toda la región con el lenguaje del futuro. 

Entre octubre y noviembre de 2025, y con una extensión académica hasta enero de 2026, Pylatino desarrolló un campamento 100% virtual que impactó a 1.139 participantes, seleccionados entre más de 13.000 postulaciones provenientes de distintos rincones de América Latina, e incluso de países fuera de la región y tan lejanos como Andorra.  

Este salto de escala fue posible gracias al apoyo de la Plataforma Filantrópica VélezReyes+, que tras su participación en el campamento presencial para jóvenes que se hace anualmente en la Universidad de los Andes, decidió apostar por esta nueva iniciativa buscando consolidar modelos educativos inclusivos, flexibles y sin fronteras. 

“Pylatino es la oportunidad de llevar nuestra iniciativa a más personas, más allá de Bogotá y de los jóvenes entre 13 y 18 años. Ahora llegamos a mayores de edad, a cualquier persona que quiera aprender”, explicó la profesora Kelly Garcés, líder del proyecto. La virtualidad no solo amplió el alcance, sino que permitió diversificar los perfiles de los participantes.

Esto porque el programa fue diseñado para quienes tenían poco o ningún conocimiento en programación. Con un enfoque pedagógico progresivo, que inicia desde el pensamiento computacional en lenguaje cotidiano, los estudiantes avanzaron hasta comprender los fundamentos de Python, uno de los lenguajes más utilizados en el mundo. 

Durante cerca de dos meses de formación intensiva, los participantes contaron con el acompañamiento de 125 mentores voluntarios, seleccionados entre más de 250 postulantes de distintos países. Cada semana, los estudiantes asistían a sesiones guiadas, resolvían ejercicios y participaban en espacios de apoyo continuo que funcionaban prácticamente todos los días. 

“Como mentor, me inspiró muchísimo la metodología de enseñanza. Un enorme agradecimiento a todos los que hicieron posible Pylatino; iniciativas como estas ayudan a construir una comunidad tecnológica más fuerte e inclusiva en Latinoamérica”, señaló Nelson, mentor de Ecuador.  

Pero para que todo esto fuera una realidad, la iniciativa contó con el trabajo decidido y dedicado de más de 20 personas entre profesores, asistentes, monitores, tutores y administrativos, que garantizaron el funcionamiento académico y logístico del curso. “Las primeras semanas fueron muy retadoras, pero logramos estabilizar el proceso y ofrecer una experiencia sólida”, añadió la profesora Garcés. 

Los resultados reflejan ese esfuerzo. Cerca del 40 % de los participantes completaron el programa y obtuvieron su certificación, una cifra destacada en comparación con cursos virtuales masivos, donde la tasa de finalización suele ser significativamente menor.

Pero más allá de los números, el impacto se mide en historias. Pylatino logró llegar a poblaciones tradicionalmente excluidas de este tipo de formación: participantes que provenían de contextos de ingresos bajos, y entre ellos personas desempleadas, madres cabeza de familia y adultos que buscaban actualizar sus habilidades. 

En este contexto, la participación de mujeres fue especialmente significativa, superando el 50 % del total de estudiantes. Además, la diversidad socioeconómica del grupo, con un 72% de participantes de clase media-alta y un 27% de clase media-baja, refleja un esfuerzo consciente por abrir espacios de formación a perfiles distintos. Historias como la de Diana cobran aún más fuerza en este panorama: mujeres adultas, muchas veces fuera de los circuitos tradicionales de educación tecnológica, que encuentran en la programación una puerta para reinsertarse, actualizarse y proyectarse en un mundo digital. 

El rango de edad, de 18 a 57 años, da cuenta de una realidad cada vez más evidente: la programación ya no es solo para ingenieros, sino una competencia transversal. “Así como en algún momento hablamos de alfabetización, hoy hablamos de democratización de la programación”, afirma Garcés. 

El programa también evidenció el papel clave de las alianzas. Mientras la Fundación VélezReyes+ aportó los recursos y la difusión, la Universidad de los Andes lideró el diseño pedagógico y la operación, y la plataforma tecnológica contó con el apoyo de aliados internacionales.

Con estos resultados, Pylatino se proyecta como un modelo replicable y escalable. Actualmente, el equipo explora nuevas oportunidades de financiación para llevar el programa a regiones vulnerables de Colombia, incluyendo zonas afectadas por el conflicto, donde el acceso a conectividad y tecnología sigue siendo una barrera. 

En un mundo atravesado por los avances tecnológicos, iniciativas como Pylatino reafirman una convicción: aprender a programar no es solo una habilidad técnica, es una herramienta de transformación. Porque, como lo demuestran historias como la de Diana, el código también puede ser un nuevo comienzo. 

Escrito por: María Angélica Huérfano Báez

 

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