La primera iniciativa estudiantil de Ingeniería Civil de la Universidad de los Andes se prepara para vivir un hito histórico: por primera vez, un capítulo estudiantil de la universidad participará en una competencia internacional del American Concrete Institute (ACI), la organización que reúne a la comunidad técnica y científica más importante del mundo en torno al concreto. El equipo representará a Uniandes en la convención del ACI que se realizará en Chicago, Estados Unidos, entre el 29 de marzo y el 1 de abril, donde se desarrollará la competencia oficial.
El equipo hace parte del capítulo estudiantil ACI Uniandes, una iniciativa creada recientemente en la Universidad con el propósito de promover, divulgar y fortalecer el conocimiento sobre el concreto y sus nuevas tecnologías. Desde este espacio, estudiantes de diferentes semestres se han articulado para aprender más allá del aula, generar comunidad académica y vincularse activamente con los debates y desarrollos que hoy transforman la ingeniería civil en el mundo.
En esta edición de la convención, los capítulos estudiantiles de distintos países participan en un reto técnico común: el diseño y construcción de una viga de concreto liviana, ecoamigable y reforzada con barras de fibra de vidrio (FRP), en lugar del tradicional refuerzo en acero. El desafío consiste en lograr una relación óptima entre resistencia estructural y costo, un equilibrio que exige decisiones de diseño, materiales y geometría altamente precisas.
El proyecto comenzó desde el semestre anterior, cuando los estudiantes conocieron con anticipación las reglas generales de la competencia. A partir de una convocatoria interna, en la que participaron de más de 30 estudiantes de diferentes semestres de pregrado y maestría se conformaron varios equipos que compitieron entre sí en un concurso interno de diseño de mezclas. De ese proceso surgieron los dos mejores grupos, cuyos integrantes conforman hoy el equipo oficial que viajará a Chicago.
Desde entonces, los estudiantes han desarrollado un trabajo riguroso de experimentación que incluyó la fabricación de múltiples prototipos de vigas, pruebas de laboratorio y procesos de calibración de sus modelos de cálculo. Cada viga de prueba les permitió ajustar sus estimaciones, proyectar con mayor precisión el desempeño final y acercarse al valor real que deberán reportar durante la competencia, un aspecto que también es evaluado por los jueces.
El equipo, conformado por los estudiantes: Juan David Betancourt, Juan Andrés Ospina, Sofía Cortés, Juan Esteban Reina, Juan Andrés González, Víctor Mesa, María Isabella Molina, María Juliana Rodríguez, Natalia Erazo, y Alejandro Redondo, se organizó en tres frentes de trabajo: mezclas, diseño y optimización.
El grupo de mezclas, conformado principalmente por estudiantes de semestres intermedios, se encargó de encontrar una combinación de materiales que ofreciera la mejor relación costo–resistencia, apoyados por profesores del área de materiales, expertos técnicos de la empresa Argos y su propio proceso de investigación. El grupo de diseño trabajó sobre la geometría óptima de la viga, aplicando normativas específicas para refuerzo en fibra de vidrio, diferentes a las usadas en estructuras tradicionales con acero. Finalmente, el grupo de optimización integró ambos insumos y desarrolló simulaciones para identificar la combinación más eficiente entre geometría y mezcla.
Uno de los mayores retos técnicos fue reducir de manera drástica el peso de la viga sin comprometer su capacidad estructural. Mientras una viga convencional de estas dimensiones puede superar los 100 kilogramos, el reto de la competencia exige un peso máximo de 15 kilogramos. Para lograrlo, el equipo diseñó mezclas de baja densidad, incorporó agregados livianos y ajustó cuidadosamente la geometría de la sección, alcanzando densidades muy inferiores a las del concreto tradicional.
“Inicialmente pensamos en soluciones como usar un aditivo incorporador de aire para aligerar el concreto, pero eso aumenta el precio y hace que la relación resistencia–costo se nos dispare. Al final, hay muchas limitaciones: si me muevo, por un lado, bajando peso o usando aditivo, me afecta por otro, ya sea en resistencia o en costo. Todo converge a encontrar un equilibrio muy preciso”, señaló Juan David Betancourt.
Por su parte, Juan Andrés Ospina agregó que no se conformaron con las reglas que les dieron, sino que fueron al máximo nivel de detalle de cómo se comportaba la viga. “El hecho de hacer todos varios prototipos era algo necesario para, precisamente, atinarle al dato que tenemos que presentar. Creo que esa es una característica del ingeniero uniandino, no espera a ver qué sale, sino que quiere la certeza de los resultados que va a obtener”.
Pero más allá de los desafíos técnicos, el proyecto también implicó importantes retos humanos y organizativos. Coordinar a un equipo de diez personas, con horarios distintos y responsabilidades académicas simultáneas, exigió procesos de liderazgo, toma de decisiones autónomas por áreas y una comunicación constante. Aun así, el grupo logró consolidar una dinámica de trabajo colaborativa que hoy les permite llegar a la competencia con un nivel de avance cercano al 90%.
La participación del equipo ha sido posible gracias al acompañamiento académico del profesor Juan Francisco Correal, director del capítulo, al apoyo permanente de los técnicos de laboratorio de la Universidad y al respaldo de aliados estratégicos del sector productivo.
La Facultad de Ingeniería y el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental apoyaron parte de los desplazamientos y viáticos, mientras que empresas como Argos y Sika han contribuido con materiales, asesoría técnica especializada y apoyo económico, fortaleciendo un modelo de colaboración entre academia e industria.
Este logro adquiere un valor especial si se tiene en cuenta que el capítulo estudiantil ACI de la Universidad de los Andes fue creado hace apenas un semestre. En muy poco tiempo, sus integrantes no solo aprendieron qué significa pertenecer a una organización internacional como el ACI, sino que se propusieron ir un paso más allá y llevar a la Universidad a un escenario de competencia global, representando no solo a Uniandes, sino también a Colombia, en un espacio donde convergen expertos, investigadores y estudiantes de todo el mundo.
Para los estudiantes, participar en la convención del ACI es una oportunidad única de aprendizaje, intercambio académico y proyección profesional. Más allá de los resultados, el equipo destaca que el verdadero valor del proceso ha sido construir conocimiento desde la experimentación, enfrentar un problema real sin soluciones predefinidas y demostrar que, incluso desde iniciativas estudiantiles jóvenes, es posible desarrollar ingeniería de alto nivel con impacto internacional. Como ellos mismos lo resumen: en esta experiencia, no se trata solo de competir, sino de aprender, crecer y seguir llevando la ingeniería civil uniandina a otro nivel.
Autora: María Angélica Huérfano













