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Cuadro de honor: Jorge Alberto Rincón Bautista

05/12/2018

​Cuadro de honor: Jorge Alberto Rincón Bautista. Conoce la historia de Jorge Alberto, técnico de laboratorio, quien en 2018, cumplió 42 años al servicio de la Universidad. ​

Facultad de Ingeniería / 5 de diciembre de 2018 


42 años de su vida le ha dedicado Jorge Alberto Rincón Bautista a la Universidad de los Andes. Es uno de los administrativos que más tiempo lleva trabajando en la Facultad de Ingeniería como técnico de laboratorio del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del área de materiales. Esta labor le ha permitido conocer a muchos ingenieros que hoy lideran reconocidas empresas o trabajan para el Estado en destacados roles. 


Ingresó a la Universidad el 2 de febrero de 1976 como mensajero del Departamento de Correspondencia gracias a la amistad que tenía su mamá con el entonces decano de la Facultad de Ingeniería, Carlos Amaya. En ese cargo duró seis meses, luego pasó a ser mensajero de la Decanatura de Ingeniería por cuatro años, y desde 1980, hasta la fecha, se ha dedicado a apoyar la ardua labor de la enseñanza de la ingeniería civil como laboratorista.


Gracias al apoyo del profesor Luis Enrique Amaya, tuvo la oportunidad de realizar cursos de capacitación para conocer más de cerca el mundo de los materiales, a través de profesores externos que trabajaban en la industria del concreto y el acero. Un tema que lo terminó encantando a tal punto, que decidió estudiar ingeniería civil. ​


Alberto recuerda que, en ese momento, la Facultad de Ingeniería quedaba en el antiguo Edificio W y el laboratorio de suelos -donde empezó su trabajo- estaba ubicado en el sótano de ese edificio. Años más tarde, en 1984, y gracias al liderazgo del entonces jefe del Departamento, Sergio Barrera, los laboratorios se trasladaron al Galpón y ahí estuvo por casi 20 años, hasta que, en 1996, se inauguró el mítico Centro de Innovación y Desarrollo Tecnológico (CITEC), donde estuvo trabajando durante más de diez años fuera del campus en el barrio Puente Aranda, en plena zona industrial. Desde 2007, con la inauguración del Edificio Mario Laserna, los laboratorios de Ingeniería vuelven a funcionar en el campus, y Alberto regresa a continuar su denodada tarea como técnico de laboratorio.  


En la actualidad, parte de su labor es apoyar a los profesores de los cursos de 'Mecánica de Materiales' y 'Materiales de Ingeniería Civil', enseñándoles a los futuros ingenieros la caracterización, prueba y resistencia de diversos materiales como aceros, maderas, ladrillos y concretos. Ha trabajado con destacados profesores como Alberto Sarria, Luis Enrique Amaya, Jairo Uribe Escamilla, Luis Enrique García, entre otros; y en la actualidad trabaja de la mano de Luis Yamín, Bernardo Caicedo, Juan Francisco Correal y Miguel Ángel Cabrera.  ​​


Para Alberto, lo más importante de trabajar en Los Andes "es el servicio que se presta a la comunidad y a la industria a través de las consultorías como ensayos y control de calidad a materiales o investigaciones de estructuras". A su vez, agrega que el trabajo con los estudiantes es otra de las actividades más gratificantes de su trabajo y otro factor que resalta es lo variado y diverso que es su labor en los laboratorios. "Un día puedes estar haciendo un ensayo de acero y al otro un ensayo de concreto y así sucesivamente. Cada día es diferente", afirma. ​


Su paso por la Universidad también le ha permitido forjar amistades duraderas a lo largo de estos años. Alberto recuerda con especial cariño a Jorge Eduardo Niño, quien trabaja en la biblioteca y Eugenio Castillo, quien trabajaba en el Centro de Cómputo.


Sus dos hijos no heredaron la pasión por la ingeniería que tanto caracteriza a Alberto. Juan Felipe, el mayor, estudió Música hasta sexto semestre en Los Andes y vive en España. Tatiana, la menor, es administradora de empresas -también de Los Andes-, y en la actualidad se encuentra haciendo estudios de posgrado en Corea del Sur. Como ambos viven en el exterior, a él y a su esposa, les ha tocado posponer uno de los sus planes favoritos: viajar.


A Alberto le faltan cinco años para pensionarse, y lo que para muchos colombianos significa la gran recompensa de la vida y el momento ideal para empezar a descansar, la principal preocupación del ingeniero es quedarse inactivo, por eso desde ya explora varias posibilidades: trabajar como asesor universitario o seguir enseñando, esta vez como profesor en propiedad, labor que le da sentido a su vida.


"Todos los que hemos tenido la oportunidad de trabajar en Los Andes hemos sido muy afortunados, no solo por el hecho de compartir con personajes de tan alto nivel académico, sino también por la fortuna de pertenecer a una institución que por sobre todas las cosas es una excelente patrona" concluye Alberto, a quien la Facultad de Ingeniería le agradece estas cuatro décadas de compromiso y lealtad.